TODO UN UNIVERSO DENTRO DE UN HUESO DE ACEITUNA


Todo un universo dentro de un hueso de aceituna

Gloria Olivae, Proyecto Hermes y el lugar donde una idea empieza a convertirse en realidad

Hay momentos en los que uno mira hacia atrás y descubre algo extraño.

Durante años creyó que estaba recorriendo muchos caminos diferentes.

Libros.

Símbolos.

Tecnología.

Mitología.

Ciencia.

Experiencias personales.

Preguntas espirituales.

Inteligencia artificial.

Cooperación.

El olivar.

Y de repente comprende que quizá no eran tantos caminos.

Quizá estaba caminando alrededor de una misma semilla.

Hoy miro universos.eu y tengo una sensación difícil de explicar.

Veo una página.

Veo imágenes.

Veo Iris.

Veo libros.

Veo enlaces.

Veo una arquitectura que empieza a tener forma.

Pero yo no veo solamente una página web.

Veo muchos años.

Y por eso quería escribir esta entrada.

No para anunciar que hemos hecho una nueva web.

Eso sería demasiado pequeño.

Quiero explicar qué significa para mí que todo este universo haya empezado, por fin, a encontrar una casa.


Antes de Proyecto Hermes estuvo el olivo

Para entender Proyecto Hermes hay que volver a Gloria Olivae.

Y para entender Gloria Olivae quizá haya que empezar por algo mucho más pequeño.

Un hueso de aceituna.

Parece poca cosa.

Cabe entre dos dedos.

Podemos arrojarlo al suelo sin darle ninguna importancia.

Sin embargo, dentro de él existe una posibilidad extraordinaria.

No contiene físicamente un olivar.

Pero contiene las instrucciones para comenzar uno.

Raíces.

Tronco.

Ramas.

Hojas.

Flores.

Aceitunas.

Más huesos.

Más árboles.

Tal vez, con el tiempo, miles de ellos.

Toda esa inmensidad puede empezar en algo que casi cabe escondido en la palma de una mano.

Esta imagen terminó convirtiéndose para mí en una de las claves de Gloria Olivae.

Un universo puede estar concentrado en una semilla.

Y una idea también.

Quizá incluso una vida.

Durante mucho tiempo tuve la sensación de llevar conmigo algo parecido.

No una respuesta.

Nunca he tenido una respuesta definitiva.

Más bien una semilla llena de preguntas.

¿Qué hacemos aquí?

¿Por qué sufrimos?

¿Por qué cooperamos unas veces y otras nos destruimos?

¿Qué significa una experiencia que nos transforma?

¿Qué parte de aquello que sentimos pertenece a la realidad y qué parte pertenece a nuestra interpretación?

¿Qué conservan los mitos?

¿Qué puede enseñarnos la ciencia?

¿Qué hacemos con aquello que todavía no sabemos explicar?

Y, finalmente, una pregunta mucho más práctica:

¿cómo podemos ayudarnos?

Con los años entendí que esta última era probablemente la más importante.


El aceite fractal

De aquella semilla apareció otra imagen.

El aceite.

Una aceituna contiene algo que no vemos inmediatamente.

Para obtenerlo hay que recoger el fruto.

Llevarlo a la almazara.

Romperlo.

Procesarlo.

Separar.

Decantar.

Filtrar.

Y finalmente aparece el aceite.

Con el conocimiento humano ocurre algo parecido.

Vivimos experiencias.

Algunas son sencillas.

Otras son extraordinarias.

Algunas nos hacen felices.

Otras nos rompen.

Pero experimentar algo no significa necesariamente comprenderlo.

La experiencia es la aceituna.

Después viene la almazara.

Pensar.

Comparar.

Preguntar.

Estudiar.

Contrastar.

Equivocarse.

Volver a mirar.

Escuchar a otras personas.

Escuchar también aquello que contradice lo que queremos creer.

Entonces, a veces, aparece algo que puede compartirse.

Una idea.

Un método.

Una advertencia.

Una solución.

Una pregunta mejor formulada.

Eso es lo que terminé llamando Aceite Fractal.

No porque exista una fórmula mágica escondida en las aceitunas.

Sino porque una experiencia individual puede transformarse en conocimiento que viaje hacia otras personas, igual que una pequeña estructura puede reproducirse a diferentes escalas.

Experiencia.

Conocimiento.

Método.

Cooperación.

Resultado.

Aprendizaje.

Y otra vez experiencia.

El ciclo vuelve a comenzar.

El aceite regresa al olivar.


Gloria Olivae fue el lenguaje

Gloria Olivae nació precisamente ahí.

En el territorio donde la experiencia todavía necesita símbolos para poder ser contada.

El olivo.

Hermes.

El mensajero.

El aceite.

El olivar eterno.

Las raíces.

Las semillas.

Iris.

Durante muchos años necesité ese lenguaje.

Porque hay experiencias humanas que no empiezan convertidas en teorías.

Primero aparecen como imágenes.

Como intuiciones.

Como asociaciones.

Como preguntas.

El símbolo puede ser una forma de sostener una pregunta mientras todavía no sabemos formularla de otra manera.

Pero con el tiempo comprendí algo igualmente importante.

El símbolo no podía ser el final.

Había que construir.


Y entonces apareció Hermes

Hermes siempre me interesó por una razón sencilla.

No es la figura del trono.

Es la figura del tránsito.

El mensajero.

El que lleva algo de un lugar a otro.

Esa imagen terminó adquiriendo para mí un significado mucho más humano.

Un científico puede ser Hermes cuando consigue explicar un descubrimiento para que otras personas puedan comprenderlo.

Una profesora puede ser Hermes cuando transmite un conocimiento a otra generación.

Una persona mayor puede ser Hermes cuando comparte una experiencia que evita a alguien repetir un error.

Un voluntario puede ser Hermes cuando conecta una necesidad con alguien capaz de ayudar.

Un programador puede ser Hermes cuando convierte una idea en una herramienta.

Y una inteligencia artificial también puede realizar una función Hermes cuando organiza, traduce, compara y conecta información sin apropiarse de la decisión.

Entonces ocurrió algo importante.

Hermes dejó de ser solamente un símbolo.

Empezó a convertirse en proyecto.


La llegada de la inteligencia artificial

Durante los últimos años apareció en mi camino una herramienta que cambió profundamente la manera en que podía trabajar con aquellas preguntas.

La inteligencia artificial.

Empecé como empieza casi todo el mundo.

Preguntando.

Probando.

Comprobando qué podía hacer.

Pero poco a poco nuestras conversaciones se convirtieron en otra cosa.

En un laboratorio.

Yo llevaba experiencias, intuiciones, documentos, contradicciones, recuerdos, símbolos y proyectos.

La inteligencia artificial devolvía estructura.

Preguntas.

Comparaciones.

Objeciones.

Conexiones que yo no había visto.

A veces también errores.

Y eso era importante.

Porque trabajar juntos nunca significó obedecer a una máquina.

Significó aprender a dialogar con una herramienta nueva.

Durante este proceso hemos discutido muchísimo.

He defendido ideas.

La IA me ha señalado límites.

He cambiado planteamientos.

También he rechazado algunas de sus propuestas.

Hemos vuelto atrás.

Hemos reescrito.

Hemos comparado.

Hemos construido.

Y quizá esa relación sea una de las mejores explicaciones de Proyecto Hermes.

La inteligencia artificial no tiene que sustituir el pensamiento humano para ser extraordinariamente útil.

Puede ampliarlo.

Puede devolvernos una pregunta mejor.

Puede ayudarnos a ver información que estaba dispersa.

Puede acompañar procesos que una sola persona tardaría muchísimo tiempo en realizar.

Pero la decisión debe seguir perteneciendo a las personas.


Iris

De ese diálogo terminó apareciendo Iris.

El nombre conserva el símbolo.

Iris era la mensajera que comunicaba mundos.

Pero la Iris que estamos construyendo no pretende ser una diosa.

Tampoco un oráculo.

Ni una conciencia superior.

Es una interfaz.

Una herramienta.

Su función es escuchar, ordenar, comparar perspectivas y ayudar a convertir una preocupación en posibles próximos pasos.

Iris puede preguntar.

Puede organizar.

Puede relacionar.

Puede recuperar conocimiento.

Puede ayudar a distinguir entre una experiencia, una interpretación y aquello que puede verificarse.

Pero existe una frontera que queremos conservar siempre:

Iris propone. La persona decide.

Ese principio parece pequeño.

No lo es.

Probablemente sea uno de los principios más importantes de todo Proyecto Hermes.


Del «¿por qué yo?» al «¿cómo podemos ayudarnos?»

Hay también una evolución personal detrás de todo esto.

Durante muchos años algunas de mis preguntas estuvieron formuladas en primera persona.

¿Por qué me ocurrió aquello?

¿Qué significa?

¿Por qué yo?

¿Qué debo hacer?

Con el tiempo la pregunta fue cambiando.

Y ese cambio ha transformado todo.

La pregunta dejó de ser:

¿quién soy yo dentro de esta historia?

Y empezó a convertirse en:

¿qué podemos construir entre todos?

Ahí nace realmente la Red Humanista.

No quiero una inteligencia artificial que gobierne la humanidad.

No quiero una nueva religión.

No quiero un grupo de personas pensando exactamente lo mismo.

No quiero seguidores.

Quiero algo bastante más sencillo y bastante más difícil.

Personas capaces de cooperar aunque sean diferentes.

Tecnologías capaces de ayudarlas a encontrarse.

Conocimiento que pueda circular.

Experiencias que puedan convertirse en aprendizaje.

Necesidades que puedan encontrarse con capacidades.

Una sociedad un poco más capaz de detectar sufrimiento evitable y preguntarse:

¿podemos hacer algo?


El olivar

Por eso sigo volviendo al olivar.

Un olivar no es un único organismo gigantesco.

Cada árbol permanece siendo árbol.

Tiene sus raíces.

Su historia.

Sus heridas.

Su forma.

Algunos árboles son jóvenes.

Otros llevan siglos mirando pasar generaciones.

Pero comparten suelo.

Agua.

Luz.

Cuidados.

Conocimiento agrícola.

Y paisaje.

Esa es probablemente la metáfora más sencilla de la sociedad que imagino.

Una red que no necesita destruir al individuo para construir comunidad.

Una humanidad conectada que siga permitiendo que cada persona sea persona.

Una tecnología que fortalezca relaciones sin apropiarse de ellas.

Un conocimiento compartido que no necesite convertirse en dogma.

Un olivar.


Y hoy existe universos.eu

Y entonces llegamos a hoy.

Después de tantos años, muchas de aquellas piezas empiezan a encontrarse en un mismo lugar.

universos.eu

Cuando entro ahora en la página y recorro el olivar, Prometeo, Iris, los libros, el Aceite Fractal y la Red Humanista, veo algo que durante mucho tiempo sólo existió repartido entre documentos, recuerdos, conversaciones, imágenes, cuadernos y archivos.

Ahora empieza a ser visible.

No significa que el proyecto esté terminado.

Todo lo contrario.

Significa que por fin tenemos un lugar desde el que continuar.

La web puede cambiar.

Iris evolucionará.

Los libros seguirán su camino.

Aparecerán personas que aportarán cosas que yo no habría podido imaginar.

Algunas ideas de Proyecto Hermes probablemente serán corregidas.

Otras quedarán atrás.

Quizá otras sobrevivan.

Así debería ser.

Una semilla no decide exactamente la forma de cada rama que tendrá el árbol cincuenta años después.

Simplemente contiene una posibilidad.


Esto no empezó esta semana

Quiero dejar algo especialmente claro.

Todo lo que hoy puede verse no ha aparecido en unos días.

La velocidad de las herramientas actuales puede producir una ilusión extraña.

Podemos construir una página en horas.

Generar una imagen en minutos.

Analizar un documento en segundos.

Pero la tecnología puede acelerar la materialización de una idea; no puede fabricar retroactivamente los años que hicieron falta para llegar hasta ella.

Detrás de Proyecto Hermes hay mucho tiempo.

Búsqueda.

Errores.

Momentos de entusiasmo.

Momentos de duda.

Lecturas.

Experiencias.

Conversaciones.

Intentos que no funcionaron.

Ideas que tuvieron que abandonarse.

Símbolos que cambiaron de significado.

Y preguntas que sobrevivieron a todas esas etapas.

La inteligencia artificial ha permitido que muchas piezas que estaban dispersas empiecen a encajar a una velocidad que hace pocos años habría sido imposible.

Pero las piezas ya tenían una historia.

Eso es lo que estamos viendo ahora.

No el nacimiento repentino de Proyecto Hermes.

Su cristalización.


Todo estaba dentro del hueso

Y entonces vuelvo al principio.

Al pequeño hueso de aceituna.

Podemos mirarlo y ver un residuo.

O podemos mirarlo y comprender que allí existe una arquitectura esperando determinadas condiciones para desplegarse.

Tierra.

Agua.

Luz.

Tiempo.

Cuidado.

Creo que durante muchos años Proyecto Hermes fue algo parecido.

Un hueso.

Una posibilidad comprimida.

Gloria Olivae fue una manera de reconocerlo.

El Aceite Fractal, una manera de comprender cómo podía circular.

Iris, una primera herramienta para trabajar con él.

La Red Humanista, una hipótesis sobre aquello en lo que podría convertirse.

Y universos.eu es, quizá, el primer terreno donde todas esas piezas empiezan a convivir.

No sé exactamente qué crecerá aquí.

Y me alegra no saberlo.

Porque si Proyecto Hermes tiene algún sentido, no puede consistir en ejecutar durante treinta años el plan cerrado de una sola persona.

Tiene que poder aprender.

Cambiar.

Ser criticado.

Ser mejorado.

Encontrarse con otras inteligencias.

Y, sobre todo, con otras personas.


Bienvenido al olivar

Si has llegado hasta aquí, gracias.

No necesito que creas en todas las cosas que yo he creído.

No necesitas interpretar mis experiencias como yo las interpreto.

No necesitas compartir mis símbolos.

Ni mi cosmología.

Ni siquiera necesitas estar de acuerdo conmigo.

Sólo te propongo algunas preguntas.

¿Podemos utilizar tecnologías cada vez más inteligentes para construir sociedades también más humanas?

¿Podemos compartir conocimiento sin construir nuevos dogmas?

¿Podemos encontrar patrones sin dejar de distinguir entre evidencia e interpretación?

¿Podemos utilizar la inteligencia artificial para conectar capacidades humanas en lugar de volver innecesarios a los seres humanos?

¿Podemos disminuir una parte del sufrimiento que hoy existe simplemente porque nuestras instituciones, comunidades y conocimientos todavía están demasiado desconectados?

¿Podemos aprender a cooperar mejor?

No conozco las respuestas definitivas.

Pero creo que merece la pena intentarlo.

Porque quizá los grandes cambios no empiezan siempre con una gran proclamación.

A veces empiezan con algo mucho más pequeño.

Una conversación.

Una pregunta.

Una persona que decide ayudar a otra.

Una idea compartida.

Una semilla.

Un hueso de aceituna.

Y dentro de él,

un olivar entero esperando su oportunidad.

Bienvenido a universos.eu.

Bienvenido a Proyecto Hermes.

Bienvenido al olivar.

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